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Editorial Estimad@ amig@ lector de la revista Búsqueda: La siguiente revista que te hago llegar tiene como finalidad saludarte nuevamente y desearte lo mejor del ciclo escolar que incias 2006-2007. La Pastoral Vocacional escolapia de México te reitera lo valios@ que tú eres y confía en tus convicciones jóvenes para ser una persona de paz, justa, pero sobretodo valiente al amar y aceptar al otro, como a ti mism@. Te invitamos a que continúes en esa Búsqueda de encontrar la vocación que nos hace más humanos y solidarios tanto con el prójimo como con el medio ambiente que nos abriga y sostiene. Vamos juntos tras esa Búsqueda que nos sostiene vivos: la realización personal y el encuentro con el que nos dio la vida. ¡Ánimo! y que tus metas se cumplan todos los días para construir un mundo mejor habitable y compartido.
Necesitamos A Las Abejas. Paseando un día por el campo observé un árbol cuyas flores estaban llenas de abejas, un verdadero enjambre. El campesino que me acompañaba me explicó que sólo podía dar fruto si las abejas llegaban a sus flores. Ellas llevan el polen necesario para que el fruto pudiera darse. Si no había abejas no había fruto. Me sorprendí bastante, pensé: ¿Acaso esta planta no se vale a sí misma?. ¿Necesita de estos animalitos para cumplir su ciclo vital?. Algo semejante sucede con los humanos. Nosotros no podemos ser fecundos sin la intervención de otros seres humanos en nuestra vida. A partir de la adolescencia podemos comenzar a ser autónomos, pero siempre necesitaremos de otros seres humanos para poder dar frutos. Cada etapa de la vida tiene sus abejas que nos ayudarán a ser fecundos en los distintos aspectos de nuestra vida: nuestros papás, los maestros (as) los amigos, o amigas, una catequista, un sacerdote. La vocación cristiana, independientemente de cómo se vive está destinada a colaborar en el servicio a los demás, ayudar a dar fruto, “a fecundar para dar frutos y mucha vida” Una de las tareas de nuestra vida está en descubrir cómo podemos ayudar a dar fruto y a la vez dejar entrar en nosotros a personas que por su sabiduría, conocimientos y experiencia, su prudencia, su santidad de vida, sus ejemplos de servicio, de alegría, de paz , de amistad nos ayuden a descubrir lo que nosotros tenemos, hacerlo crecer y compartirlo con los demás. También Cristo requiere de hombres y mujeres para poder hacer fecunda su Palabra y la misma Eucaristía. San José de Calasanz quiso que los Escolapios pudiesen ser como esas abejas que llegan a las tiernas flores, ayudándolas a descubrir la clase de frutos que pueden dar y a su vez convertirse en abejas que multipliquen el bien, que llenen el mundo se sabrosos frutos de paz, de justicia, de fraternidad, de verdad. P. Luis Ignacio Brito Miranda. Sch. P. Formador de júniores y Asistente Provincial 19 de Julio de 2006
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SOPA DE LETRAS
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