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Revista vocacional
escolapia de México ene-feb 2007
www.vocacional.org.mx |
| eDiTORiAL
La vida de cualquier niño es difícil,
pero la de ellos es mucho más, en este número compartimos contigo el
testimonio de un gran hombre, que entregó su vida por aquellos que no la
tenían.
Los Hogares Calasanz, un apostolado
escolapio, conócelo. |
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<< Hijo de Hombre,
te envío a los hijos de Israel, a un pueblo de rebeldes... no temas, no
tengas miedo de tus palabras... les comunicarás mis palabras, escuchen o
no... pero tú escucha lo que te digo >> |
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Ez 3,1-8 |
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¿Te
acuerdas de éste Padre Escolapio, quien ha escrito para ti? Pues, ahora,
ha enviado este artículo para que conozcamos un poco más de su vida como
Escolapio. En el número anterior a esta edición el P. Manuel te
platicaba sobre su estancia en el internado de Allela. Ahora te invita a
conocer cómo fue su experiencia en el Calasanciado, después de Allela.
Reconozco
que no distinguía demasiado mi vida en el internado de la que inicié en
el calasanciado, un piso más arriba, pero en las mismas instalaciones.
El ambiente que se esforzaba en darle el temperamental P. Jaime
Casanovas al calasanciado era cuidadosamente paternal, aunque exigente
hasta el detalle. Con sus exabruptos nos asustaba a veces, pero
reconozco que era un temor saludable. Piadoso, con toques de ternura
hacia la Virgen, cuya devoción fomentaba con entusiasmo, de formas
corteses y educadas (no permitía que nos tuteáramos) y nos hacía
presentarnos bien, nos mantenía siempre acompañados y atendidos
personalmente, con una vida ordenada y disciplinada en la que cada
quien tenía su papel a desempeñar con obligación de dar cuentas de ello,
con charlas formativas, Misa y comunión diarias, lecturas en la mesa al
tomar los alimentos...Un internado muy especial.
A mí el P.
Jaime Casanovas me fascinaba y soñaba ser como él, pero "corregido y
aumentado". Me dolían sus repentinos desplantes, sus escenas
crispadas en la capilla, y verle tan dominado por el cigarro. Me causaba
regocijo ver el esfuerzo que de vez en cuando hacía ante nosotros por
dejar de fumar. Mandaba a uno de nosotros a la torre más alta y desde
allí arrojar los cigarrillos. Pero, esos días de abstinencia tabaquil
se ponía tan irritable que todos rogábamos a Dios que volviera a
fumar. Pronto le veíamos buscando al pie de la torre los despojos de su
esfuerzo... y nosotros respirábamos.
Todo
estaba impregnado del mismo espíritu que absorbíamos inconscientemente.
Creo que en esto consistía el "clima educativo", que sin sentirlo
nos iba moldeando. Más adelante, ya en mi responsabilidad de educador,
al interiorizar lo que significaba para mí la formación personal, se
convirtió en mí una convicción, y lo asumí como mi bandera pedagógica.
Tuve como
una sensación general y confusa de haber encontrado mi nuevo hogar en la
Escuela Pía y mis nuevos hermanos en los escolapios. Y esa impresión ha
permanecido toda mi vida; así lo he venido considerando siempre; de
modo que en todas mis vacaciones siempre me he hospedado en alguna de
nuestras comunidades, Alella, Sarriá...
Con este
nuevo enfoque y disposición general comencé mi formación religiosa: un
proceso largo de identificación. Lo inicié permaneciendo dos años más en
Alella,-de aquí mi cariño y afición por aquel lugar-, y dos en Moyá para
cumplir con el postulantado y el noviciado, como se estilaba entonces.
Me sentía feliz; aunque tengo que reconocer que mi "vocación" de
aquellos días era muy primitiva y superficial: pues, tenía un
porcentaje grande de novedosa aventura y otro de imitación. Tanto mi
vida en el calasanciado, como en el postulantado y noviciado en Moyá,
había sido asumida por mí con poca conciencia de lo que se refería a la
entrega a Dios, y con escaso compromiso en aquel paso
dado. Posteriormente, me he percatado que también la vocación tiene sus
etapas de maduración, como todo lo humano. Era yo un adolescente de 13 a
16 años.
Los cinco
años de Alella -tres como interno y dos de calasanciado- pusieron en mi
persona un sello o talante muy peculiares. Era una combinación de
formación intelectual con el desarrollo espiritual apropiado; el genial
lema calasancio de "Piedad y Letras".
Continuará… |
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Cuatro
años.
Un plátano maduro y un niño (un servidor) que está a punto de tirarlo.
La monja atenta me dice:
Alejandro no lo tires. No te estoy castigando, siéntate en la banca.
Me sentí importante.
Se acercó.
Se sentó a mi lado y me habló.
Me llegó. Me habló del hambre. De Jesús con hambre. De que si yo tiraba
el plátano comería otra cosa y le quitaba la comida al hambriento.
Lo
entendí.
Me lo comí y recordé un pobre que rebuscaba en la basura, en la basura de
la puerta de mi casa y a mi madre que me regaño por decirle:
¡Mamá, qué hombre tan cochino!
Ella me dijo, no digas eso, tiene hambre ¿¡y eso qué es!? Le pregunté.
Vocación.
La
primera. Contra el hambre. Hacia el pobre.
Sarriá: Escolapios, Calasanz. Recuerdos bellos de sacerdotes entregados y
pobres.
Sí, pantalones raídos bajo la sotana y un anuncio: Calasanz.
Vocación.
Una crisis antes de entrar a la Orden. Me fui a Irache a consultar con mi
hermano, junior escolapio.
Una
pregunta.
Oye, Adolfo, yo quiero dedicarme a los más pobres, no sé si hacerme
escolapio. |
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Una
pregunta.
Oye, Adolfo, yo quiero dedicarme a los más pobres, no sé si hacerme
escolapio.
Mi hermano me dijo: Ora, ponte en las manos de Dios, hazte escolapio y
hazlo.
Sí, yo sólo quiero testimoniar una cosa:
DIOS
ACTÚA, ¡ESTÁ VIVO!
Obediencia.
A Tarrasa.
Una riada. Una voz: aquí me harás una escuela para pobres.
Mi
respuesta: Ya lo veremos. No volví a las Arenas.
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Un
sacerdote acude a los escolapios pidiendo ayuda.
Mi rector,
mi recordado y presente P. Magi Valls convoca a la comunidad.
¿Alguien
quiere ir? Voy.
Dios
habla. Yo digo amén.
Obediencia. A México.
Leo sobre
México. Me asombro, toda la información habla de callejeros.
Me voy a
Roma a despedirme de mi hermano, pero la intención, una oración ante
Calasanz. Allá voy, allí están esos niños. A ver qué haces tú.
Mi
oración.
México.
Veracruz. Voy con el P. Domingo; en el ADO (terminal de autobuses)
duerme un niño. Le pongo una moneda y le digo al p. Domingo: no sé,
pero cuando Él quiera me dedicaré a estos niños.
Puebla,
Colegio Calasanz. Un viaje a México. Me encuentro unos callejeros. Un
policía grita, se lleva a uno. Grita y grita.
Le digo:
Oiga ¿ qué le está haciendo? Nada, me dijo, me lo llevo porque se estaba
drogando en el metro. Déjemelo, le invito a cenar y se le pasará.
Lléveselo.
Junto a él, Lucio, Juan...
Primera cena de una serie.
Fidelidad.
Era martes. Todos los martes
¿Cuántos martes?
Jamás los
invité a nada que no fuera la misma cena
Una noche
me dicen: Padrecito, ¿por qué no nos lleva con usted?
El martes
siguiente se vinieron dos. Pasó el tiempo.
Mi Santo
Viceprovincial, el P. Liñán me preguntó: ¿Quién se lo mandó?
Respondí:
Iba un religioso de Jerusalén a Jericó y se encontró un herido en el
camino…
De
entonces acá, el número de golpes, ataques, persecuciones de todo tipo,
las angustias de ellos. Y es bello, una paz, una alegría y un gozo
extraordinario.
Me
encontré con Jesús.
En un baldío. Sí, fue tan bello, pasé allí unos tres meses con ellos, con
los callejeros. Me hicieron Chinchachoma.
Luego me encontré con ella, la niña. Su mamá la vendió a los 10 años.
Tenía 15.
Hablamos del amor que Dios le tiene.
Ella no entendía. Le pregunté por qué estaba ahí haciendo lo que hacía.
Me dijo: Mi mamá me vendió cuando tenía 10 años. Y tú, ¿qué podías hacer?
Le pregunté. Yo nada.
Lo entendí, era virgen. Bienaventurada de corazón.
Sáqueme de aquí, me dijo. Luego en el encuentro amoroso con Él en ella le
pedí su bendición.
Ella me responde. No se burle, me dijo. Usted sí puede bendecir, porque
es padrecito. Yo qué bendición tengo.
Tú tienes una bendición que yo no tengo.
¿Pues cuál?
Pues la de la venta.
Cómo que la de la venta.
Si a ti te vendieron, a Jesús también.
Al fin aceptó.
Me arrodillé.
Me dijo: Yo no sé cómo se bendice. Es muy fácil, le dije: Se dice, que
Dios te bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Así lo hizo.
Cuando Don Abilio del Campo y de la Bárcena me ordenó sacerdote, no sentí
nada.
Cuando me bendijo ella, vaya si sentí. Sentí a Dios.
Mi testimonio es simple. Dios actúa. El pobre no está para darle sino
para una unión y comunión de amor. El pobre habla en nombre de Él.
El pobre es Él no sólo para recibir, sino para dar y bendecir.
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Tenemos el gusto de
presentarte por este medio a un Sacerdote y religioso Escolapio llamado
Alberto Azcona. Él es originario de España, sin embargo, ha sido enviado
a México para seguir viviendo su vocación como religioso Escolapio en
nuestro país. Ahora él se encuentra en Oaxaca, apoyando en la Parroquia
de Consolación y en el Colegio ICAGRA. Un hombre valiente y decidido que
en esta y las siguientes ediciones quiere compartir su llamado de Dios
en la Escuela Pía.
Si el
encargado de la publicación no me tira al papelero, ni me censura por
escribir tan extensamente (y para las dos cosas tiene mi permiso), te
invito a ti, joven lector, a pasar un rato dialogando conmigo, un
escolapio al que casi seguro no conoces; y te agradezco el que me
permitas compartir contigo -conversar-. Te quiero contar
historias de mi historia, entre las que yo veo a Dios llamándome.
La fe y la
vocación al sacerdocio me las dio Dios en mi familia. Los escolapios las
guiaron. Yo dije: sí. Considero, humildemente, que también
en mí se cumple la experiencia de Jeremías: “antes de formarte en
el seno materno, ya te conocía; antes de que salieras del seno, te había
escogido y te destiné a ser…” (1,5). Mis papás eran unos
pequeños agricultores que han hecho su vida con su trabajo; un
matrimonio consciente de su amor, de su fe y de su responsabilidad en
todo terreno. Me hablaron de Dios, fueron mis primeros y grandes
evangelizadores; me enseñaron a rezar en la cama, a bendecir la mesa y a
visitar a Cristo en la Iglesia; ningún domingo faltábamos a misa. Me
enseñaron a amar, a trabajar y a ser persona. Mi papá era miembro de la
adoración nocturna; mi mamá, mujer de su casa y su familia.
Ayudar a
los mendigos transeúntes y a los gitanos del pueblo que llamaban a la
puerta era lo normal; nunca se les echó de vacío. Colaborar con los
sacerdotes, cada vez que pedían algo, era lo lógico y lo hacían con
frecuencia, pues mi casa toca materialmente con el muro de la parroquia.
También a las monjas, que vivían en la misma plaza de mi casa, se les
ayudaba cuanto podía y con ellas había gran trato y amistad. El hecho de
vivir junto a la parroquia y a la capilla, junto a las escuelas de las
monjas y a las municipales, permitió que la puerta de mi casa fuera
golpeada antes que otras; y mis papás la mantuvieron siempre abierta
para todos.
La vida
religiosa era normal en mi familia: cada uno de los cuatro abuelos tenía
una hermana monja, así como mis papás; todas eran de la misma
congregación, que tenían casa tanto en mi pueblo como en el que nací. Mi
papá, además, tenía un hermano sacerdote (aunque, por otras razones, no
fue modelo para mí y Dios me ayudó a superar su obstáculo). ¿Cómo les
iba a extrañar que el hijo tuviera gusto por las cosas de la iglesia,
que fuera acólito, jugara a decir misas, quisiera ser sacerdote y se
apuntara al seminario de los frailes? No sólo no les extrañó sino que
les pareció normal y muy bueno; siempre me apoyaron, con tal de que
fuera verdaderamente lo que yo quería y… “si alguna vez no estás
contento y quieres salirte del seminario, te vienes; ésta es tu casa”.
Los hermanos pequeños de mi madre (10 y 12 años mayores que yo) sí me
animaban a nos ser fraile: “¿para qué?; estudia y después te sales”. |
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En mi primera juventud,
y en mi interior, critiqué la fe de mis padres por poco personal; ¡no
sé qué criticaba! Dentro de su normalidad no fueron cristianos por
no poder ser otra cosa, ni por sociología, sino que fueron creyentes
conscientes, militantes y ejemplares. Tal y como me salió del corazón el
día que los presenté en Chile ante la gente de la parroquia: “¡ellos
son “las joyas de mi corona!” (claro que yo no recuerdo haberlo
dicho, pero me lo contó alguien después, porque le llamó la atención lo
dicho). Los hermanos hemos heredado y aceptado muchos de sus modos de
ser padres, de ser personas y de ser felices, respetándonos las
diferencias humanas e incluso creyentes debido a la intensidad de la
convicción.
Continuará… |
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Esta vez te retamos a que
descubras lo que dice la siguiente frase bíblica, y si no puedes te
damos la cita.
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Mc 8, 34-35.
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Cuando uno es chango la vida no es fácil, todos creen que lo es pero ni
maíz, la neta está cañón ser chango; colgarse de las ramas todo el día,
las pulgas no te dejan en paz, en fin… quisiera ser leopardo.
Ser
leopardo no es fácil, claro que no, hay días que no encuentro a quien
matar, las gacelas corren muy rápido, los ñus también, y cada vez que
cazo me canso un buen, ser leopardo es difícil, quisiera ser cebra.
Las rayas
me hartan, es patético no poder cambiar de aspecto para salir; rayas,
siempre rayas, además, la sabana es muy aburrida, sin mencionar a los
leones, ser cebra es aburrido.
Los
suricatas nos distinguimos por ser flojos, sí, siempre echando la panza
con unas chelas, viendo como los leones se comen a los antílopes, es
divertido, pero te cansa después de un rato, además, nuestras
madrigueras siempre están asediadas de hienas, que horror, es un
problema, odio ser suricata, quisiera ser jirafa.
Mi cuello
siempre me duele, y no oigo bien desde aquí arriba, las hojas siempre
son de los mismos árboles, y los malditos mosquitos siempre me están jo…,
perdón, molestando. La vida de una jirafa no es nada fácil, no como la
de un chango. |
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Siempre te
preguntarás en la vida que hubiera pasado si hubieras escogido otro
camino; entre ser médico, arquitecto, actor, filósofo, licenciado, o
cualquier otra locura de esas, siempre; si no ¿qué chiste tendría la
elección? Pregúntate cuál es la opción en la que, aunque te preguntes
cada día qué hubiera sido de ti en tal o cual profesión o destino,
encuentres siempre la respuesta donde no exista el arrepentimiento, sólo
la imaginación.
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Oración del confundido |
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Ayúdame Dios |
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Porque intento creer en ti, |
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Porque intento creerte a ti, |
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Ayúdame, |
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A comprenderme a mí mismo, |
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A descubrir que es lo que quiero, |
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De mi vida, |
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Y que me valga lo que quieran de mí, |
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Lo que digan de mí, |
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Lo que piensen de mí, |
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Impúlsame, |
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| A
luchar por lo que quiero, |
| A no
cerrarte las puertas, |
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Enséñame a soñar… |
| Y a
realizar sueños. |
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Amén. |
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-Tío no entiendo a Dios-
Murmura. Sus brazos de niño delatan golpes
-¿Cómo fue?- Intento mío ante la falta de respuesta
-Estábamos en Insurgentes echando la rola con unas
latas.
Nos quedamos un rato por las residencias
cuando apareció la tira
varios ya no podíamos ni levantarnos.
La mota nos falló esta vez
Chale- |
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Silencio aparente, hay gritos y voces fuera.
-tío los jefes nos pegan-
su rostro hinchado, entre pálido y purpúreo, sus ojos
rojos por la droga.
-tío, ¿dónde está Dios? ¿Por qué deja que nos maten?-
-tú no estás muerto- contesto |
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-yo vi al pelos tirado cuando lo golpeaban, ya
estaba todo rojo, ya no respiraba.
Ya no-
Pasos en el pasillo. Llega el uniformado y me pide que
me vaya.
-¿cuándo vienes otra vez tío?-
-Pronto. Pronto…-
-te esperaré-
Sigue fumando. Mientras, me alejo.
es uno de tantos.
Es uno entre miles.
Cerramos este número
felicitando a todos los escolapios que cumplen años en los primeros
meses de este 2007. Muchas felicidades. También comentándote algunas
noticias y eventos que tendremos este año. |
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¡Feliz
Cumpleaños! |
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Enero |
Febrero |
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P.
Manuel Arcusa C., Sch. P. |
01 |
Roly
Piña Camacho, Sch. P. (junior) |
02 |
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Emmanuel
Álvarez (prenovicio) |
01 |
Víctor
Hugo Ramírez (prenovicio) |
09 |
|
P. Reyes
Muñoz Tónix, Sch. P. |
06 |
P.
Carlos A. Martínez, Sch. P. |
11 |
|
P. Rubén
Rodríguez Lara, Sch. P. |
07 |
Humberto
P. Moroni (prenovicio) |
15 |
|
P. José
Oriol Sala Arnó, Sch. P. |
19 |
P.
Enrique Díaz F., Sch. P. |
16 |
|
P. Jesús
Álvarez Ferat, Sch. P. |
20 |
Martín
Hernández, Sch. P. (junior) |
25 |
|
Hno.
Tomás Moya Aguilar, Sch. P. |
28 |
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