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REVISTA    VOCACIONAL    ESCOLAPIA

El  próximo  23  de agosto del 2009 cumplo  veinte   años   de    haber llegado a Celaya para comenzar mi formación como escolapio. En todos estos años he tenido muchas experiencias, felices y otras no tan felices. Pero, definitivamente, todas han sido oportunidades para aprender, para crecer y para responder al llamado de Jesús.

Una de las mejores experiencias que he tenido en estos años ha sido la fundación de la Comunidad Escolapia Rural de Campeche. Me ha gustado mucho compartir la Semana Santa en distintas comunidades rurales:  Terrenate en Tlaxcala, zona Tztotzil de Chiapas, Macuspana en Tabasco (incluso Tepetitán donde nació el Peje). Pero, lo distinto en esta última experiencia, fue que estábamos en casa. Esto hace que las cosas sean muy distintas.

Cuando uno va de misiones durante una semana queda la sensación de haber conocido muy poco a la comunidad, de haber trabajado en algo que probablemente no tendrá continuidad, de haber hecho un esfuerzo que quién sabe si de verdad responde a las necesidades de las personas de ese lugar. Puede haber muchas experiencias bonitas e inolvidables pero, siempre me ha quedado la duda si a esas semanas aisladas se les puede llamar misiones.

Ahora fue distinto. La parroquia de San Felipe de Jesús, Champotón, Campeche, con todas las pueblitos que le integran, es atendida permanentemente por una comunidad escolapia. La presencia de los tres padres en ese lugar es permanente. Ellos atienden a los catequistas, a los ministros, a los celebradores, a todas las personas y, algo muy interesante,  reúnen a muchos jóvenes en retiros y campamentos.

El apoyo que ofrecimos iba dirigido a las necesidades que la comunidad expresó. Nuestra semana de apoyo fue una pieza más en el trabajo pastoral que se realiza permanentemente en esa región. Y aunque sea sólo una pieza, vale mucho por ser parte de un proceso continuo, por ser trabajo en equipo y por tener la seguridad de una continuidad y perfeccionamiento a futuro.

Fue muy agradable encontrarme por ahí a un buen grupo de escolapios: al más grande de los escolapios mexicanos, el P. Gerardo Hernández, que fue mi profesor en la secundaria. Como si los años no hubieran pasado ahí andaba

feliz con un montón chamacos realizando su labor.

También llegaron refuerzos desde el Pereyra: el P. Guillermo Salazar con su cañón para proyectar películas y con un grupo de profesores que nos ayudaron mucho en tres comunidades. Con toda la creatividad propia del gremio le pusieron mucho empeño a las catequesis de niños, jóvenes y adultos, a la excursión con los jóvenes, a la decoración de la Capilla para la Vigilia Pascual. Todo esto con la ayuda del prenovicio Rogelio, de Samuel de Progreso y el postulante Pablo Roaro de Celaya.

El Hno. Julio Alberto llevó jóvenes del Morelos, a los que estuvo preparando con bastante anticipación. Tuve la fortuna de compartir las celebraciones con algunos de ellos en Chacheíto. Una hermosa comunidad maya llena de tradiciones y gente muy buena. Pregúntenles.

Eloi del juniorato, también se dedicó con mucho tiempo previo a la capacitación del grupo de Tlalpan. Con la ayuda de los juniores Emmanuel, Oscar, Martimiano y Cristian, se organizaron para la atención de un buen número de comunidades. Terminaron bien cansados, pero felices por todas las experiencias que vivieron.

De Oaxaca, del ICAGRA y de la Parroquia de Consolación, llegó un grupo dirigido por el Hno. Roly Piña para Chilán Balam. ¡Muy buen grupo!

Muchos escolapios que no fueron a Campeche se quedaron en las distintas obras realizando las celebraciones y apoyándonos desde donde estaban. De ese modo todos estábamos unidos, celebrando y colaborando en una causa común.

En fin, la Pascua del 2009 fue una gran fiesta escolapia. Ha sido una bendición de Dios que el obispo Ramón Castro pidiera escolapios para su diócesis. Por cierto, qué obispo tan chido. Él dice que fue la oración de los niños, la oración de los enfermos y la oración de esas comunidades lo que hizo posible todo esto.

La región de esta nueva comunidad escolapia está llena de árboles frutales, llena de una impresionante variedad de especies de flora y fauna, llena de leyendas y fabulosas tradiciones, asentada sobre construcciones mayas ancestrales no muy enterradas y antiguas haciendas chicleras de principios del siglo pasado. Y lo más importante, la gente que habita esos lugares, simplemente, es maravillosa: los pequeños, los jóvenes, los ancianos, los catequistas, los celebradores... Hay mucho que aprender de ellos y hay muchas necesidades en las que podemos colaborar.

Bienvenidos voluntarios para compartir una Semana Santa en  Campeche. Bienvenidos los que quieran compartir un período más largo de su vida, porque ahora viene el desarrollo de un proyecto educativo en ese lugar. Pero, sobre todo, bienvenidos quienes quieran entregarse de un modo permanente desde una opción vocacional que hace posible la vida de una obra como ésta. Si tu vocación es servir a Dios y a tu prójimo en la Vida Religiosa, no dejes de responderle. La ayuda al prójimo en una semana es buena pero la entrega para siempre es indispensable para cambiar este mundo, para reformar la sociedad, como nos lo enseñó, con su propia vida, San José de Calasanz. ¿Te has preguntado cuál es el plan que Dios tiene

 

 

Cuadro de texto: Historia de mi vocación escolapia
Por: Rafael Hernández Jiménez (Escolapio)

Éramos tres amigos que nos llevábamos bastante bien, incluso empezaban nuestros nombres con R: Roberto, Rolando y Rafael. Los tres pertenecíamos a la Acción Católica. La Acción Católica era un grupo de muchos jóvenes y había una sección para adolescentes: aspirantes a la AC.

Roberto era el encargado de los aspirantes. Rolando y un servidor formábamos parte del grupo de estos adolescentes. Teníamos unos 14 años. Sucedió que Roberto se fue al seminario y Rolando pasó a ocupar su lugar de dirigente. Poco tiempo después, Rolando se fue con los padres franciscanos. Y yo pasé a dirigir esto. Creo que éste es uno  de los primeros elementos o señales que me dieron indicios de mi vocación. Cuando ellos se fueron en mi casa me preguntaron qué había sido de ellos. Yo respondí que se habían ido al seminario. Mi mamá y una tía empezaron a decir unas cuantas “majaderías” en contra ellos dos, en el sentido de que era una tontería eso de “aislarse en vida”, tomar una decisión de “no aprovechar las oportunidades de la vida”. Ahora los cañones estaban dirigidos hacia mí: a ti no se te vaya a ocurrir semejante idea. Yo aún no veía esta vocación como algo definitivo en mi vida, pero sí lo llegaba a pensar. Mi vocación no es ésta, dije, pero si lo fuera nada me va a impedir seguirla.

Estuve dos años con los aspirantes de la Acción Católica. La experiencia de trabajar con adolescentes, las clases de moral y de fe que preparábamos para ellos, me motivó mucho, aún con los conocimientos pobres que tenía entonces. Yo ya tenía 17 o 18 años.

Muchas veces me contaban problemas que vivían en los estudios, en sus familias y en su vida personal. Escuché de ellos cosas muy particulares. En los casos más difíciles les recomendaba acudir a uno de los padres. Esto fue un detonante para decir: si yo los tengo que enviar con otro por qué no lo puedo hacer yo. ¿Llamado del Señor?

Yo tenía la idea de que la vida diocesana no era lo que yo buscaba. En ese tiempo leí la vida de San Gabriel de la Dolorosa, fundador de los pasionistas. Fui a platicar con los padres pasionistas para gestionar la entada y me dijeron que tenía que esperar al padre provincial de España. Los estudios que yo había realizado con los escolapios eran comerciales para poder hacer mi bachillerato necesitaba una beca.

Una de las religiosas que asesoraba nuestro grupo hizo las gestiones con el rector de los escolapios para que yo pudiera hacer el bachillerato y así poder ingresar al seminario.

Yo le había dicho a la religiosa que andaba buscando un instituto religioso que tuviera tres características: dedicación a la educación, sacerdotes, devoción a la Virgen María.

   

Cuando el rector escuchó aquello dijo: ¡eso somos los escolapios! Pero si él quiere ser pasionista vamos a apoyarlo con la beca.

En el mes de diciembre fui a hablar con los pasionistas. Ellos me dijeron que el provincial ya había pasado, que siguiera con mis estudios del bachillerato. Si esta puerta se cerraba y otra se abría, tal vez esto sería una llamada de Dios.

Hablé con el rector. Él me pidió que siguiera con mis estudios y que más tarde volveríamos a hablar. No volvimos a hablar. Me fui a Guanabacoa y allí platiqué con el superior de Cuba. Él me dijo que en pocos días partiría para España y que ya se acababa su período como superior. Era el año 1955.

El día 22 de agosto me enteré por el periódico que los escolapios tenían nuevo superior, era el padre Galofré. Un martes fui a hablar con él. Me comentó que su antecesor ya le había hablado de mí y que si quería entrar a la Escuela Pía yo mismo podía poner fecha. ¿El próximo sábado? Así fue: 3 de septiembre de 1955.

Hice un prenoviciado de unos tres meses. Entraron algunos otros después de  mí. El día 17 de diciembre estábamos iniciando nuestro año de noviciado.

Los primeros estudios de Filosofía los hice en Cuba, allá en Guanabacoa, con la ayuda del P. Salvador Saliches y el P. Pastor González. Fueron unos estudios un poco caóticos porque yo sólo había hecho el primer año de bachillerato escolarizado. Durante los estudios de Filosofía yo estudiaba por mi cuenta las materias que me faltaban, me asesoraban los escolapios y presentaba mis exámenes. Lo más difícil fue el inglés y la física.

 

Celebración en la antigua Basílica de Guadalupe (1976)

Así durante esos años hasta las vacaciones del cuarto año. Me vino una úlcera estomacal.

En Cuba ya no era posible hacer los estudios de Teología. Las opciones eran Washignton, Bogotá y Roma. De las tres opciones escogieron Roma, en la Universidad Gregoriana. En ese tiempo todo se estudiaba en Latín. Aprobé todo con buenas calificaciones excepto Teología Dogmática. 

(En el siguiente número: la revolución cubana y su experiencia en tierras Aztecas… no te lo pierdas)

Cuadro de texto: Y SIGUEN LAS historias de Campeche… 
… con el corazón de GIGANTES  dispuestos a compartir  su FE en un CRISTO RESUCITADO que se muere de la risa por la felicidad de ver gente CELEBRANDO con desconocidos que sigue VIVO ENTRE NOSOTROS
En esta pequeña sección unas historias (entre muchas otras que seguirán apareciendo…) de algunos afortunados que estuvieron AHÍ, CARRILLO PUERTO CAMPECHE… 
(si tú estuviste ahí… puedes escribirnos y publicaremos tu historia)

 

 

 

 

 

 

¡Pixoyal!

Una semana… pero volveré

¡Hola! Mi nombre es Adrián Cruz Salvador, tengo 15 años de edad y curso el tercer año de secundaria. Yo vivo en el Distrito Federal; en la casa hogar de los padres escolapios.

Ésta ha sido la tercera ves que viví una experiencia en misiones. Formo parte del grupo “La Muralla” de la parroquia de Tlalcoligia en el DF, que lleva por nombre “Nuestra Señora de Guadalupe”. Ésta fue una experiencia muy bonita en mi vida, ya que como mencioné he asistido a otras dos experiencias anteriormente, pero esta tuvo un valor muy significativo por que estuve la semana santa con compañeros del grupo.

La experiencia comenzó el viernes 3 de abril de este año, en la tarde-noche. Todo lo preparamos semanas antes. Nuestro viaje tuvo inicio en la noche, fue un viaje largo de 18 horas aproximada-mente. Llegamos al medio día del sábado a Carrillo Puerto Campeche y después de comer, asearnos y descansar un poco, marchamos hacia las comunidades. A mí me tocó la comunidad que lleva por nombre Pixoyal (lugar de pixol, por un árbol que así se llama), junto con Eloi, Mayra, Esmeralda, Jorge y Adrián o para no confundirnos “pepe”.

A la comunidad llegamos por la noche del mismo sábado. La gente nos recibió de una manera muy amable en especial la señora Lupe, doña Norma y Natali o mejor conocida como “la tía”. Las tres unas mujeres muy lindas. Las primeras dos ya un poco más grandes que Natali quien es una chica de 17 años. Pues cuando llegamos nos sorprendieron por que tenían preparada cena para nosotros. Después de cenar y platicar un poco fuimos a la casa donde nos quedamos en la semana, nos instalamos y nos propusimos a descansar.

Durante la semana estuvimos trabajando con la comunidad (niños, jóvenes y adultos), no digo toda la comunidad puesto que hay mucha gente que es de religión protestante, pero nosotros pusimos empeño y dimos pláticas y catequesis de acuerdo a la edad de la gente. Realizamos juegos, cantos, actividades recreativas y también transmitimos el significado de la Semana Santa, es decir el porque de las celebraciones.

En esta comunidad conocimos a Pablito, un chico de 11 años al que los 6 llegamos a apreciar mucho y quien, por su situación particular, seguramente será parte de la casa hogar de México Distrito Federal junto conmigo. Aparte de jugar, cantar, platicar etc. también apoyamos a la comunidad con los arreglos de una capilla que todavía se encuentra en construcción. En esta actividad participó la mayoría de la gente de la comunidad en especial niños y jóvenes quienes por cierto le echaron muchas ganas y eran muy puntuales, ¡pues llegaban antes que nosotros!

Lo que más me gusto de esta misión fue convivir con la comunidad, la cual era muy atenta y creo que al igual que nosotros llego a tener un grande afecto, ya que todos se apoyaron para que a nosotros no nos faltara nada y nosotros trabajamos arduamente para agradecer este bonito gesto.

   

También tuvimos la oportunidad de conocer a Evelin y Yesenia dos hermanas con muy buen carácter, especialmente Yesenia que nos ayudaba a organizar a los jóvenes para comenzar las actividades. Beto fue otro de los chicos que nos apoyo mucho en el trabajo con la comunidad, pues como nosotros carecíamos de material el era quien nos prestaba y conseguía lo que requeríamos muy amablemente. Carlitos, un niño de 8 años junto con sus hermanas fueron unos buenos guías para el vía crucis, pues “pepe” y yo fuimos los encargados de la ruta,  pero se nos olvido y ellos nos sacaron de apuros recordándonos por donde seguir. Dorian y su hermano Gerry fueron otros de los muchos chicos que nos apoyaban en todo lo que se necesitaba, desde hacer papel picado hasta mover arena, tabiques y bancas de una capilla a otra. Pues son los nombres que más recuerdo, pero por supuesto que toda la comunidad se organizó y nos brindó su apoyo en todo lo que fue posible.

Así fue la semana santa en Pixoyal una comunidad que me brindó una bella experiencia que llevaré en el corazón por mucho tiempo y de la que aprendí que no necesitamos tener grandes cosas materialmente hablando, pues aunque esta comunidad se encuentra en buenas condiciones hubo gente que nos demostró que se puede vivir con lo necesario y no se necesita más. O mejor dicho que se puede encontrar a Dios de otra manera muy sencilla, por que para mi opinión, es bonito tener lo que apetecemos y deseamos, pero poniéndonos en el lugar de otras personas nos damos cuenta que la felicidad no sólo es esto, más bien no es esto, sino ser felices con las personas que te brindan sus sentimientos, es la manera adecuada para encontrar a Dios y la felicidad.

Otra cosa que me quedó muy marcada fue el aprender a convivir e interactuar con personas que, a lo mejor no conocemos, pero si nos adentramos, damos, recibimos y lo mas importante compartimos nos damos cuenta de que podemos llegar a tener un gran afecto hacia estas grandes personas que por muy sencillas que sean tienen algo que compartirte y enseñarte. Esto que acabo de mencionar es muy importante por que a una misión no solo vamos a tener la idea de que la gente aprende de nosotros, por que no es así. Nosotros vamos a una misión sobre todo a aprender cosas nuevas y a valorar lo que ya tenemos, pero principalmente a valorar la vida, los amigos y a la gente que quieres y que te quiere.

Yo creo que no hay que platicar una experiencia de misiones sino hay que vivirla, porque como nos dijo Eloi antes de marchar hacia Campeche:

-“Esta experiencia que vas a vivir es tuya, y no se compara con otra que te hayan platicado...”- Yo estoy de acuerdo con esto y creo que cada quien guarda estas experiencias en su corazón y pues sí, son de uno mismo. Después de una semana muy emocionante y cansada, claro ésta regresamos al Distrito Federal en otras 18 horas de viaje. ¿Que fueron muy cansadas? Sí, pero valieron la pena, por que fue una semana donde todos cooperamos cada quien con lo que podía aportar, pero todos entregamos algo a esta comunidad, todos aprendimos como grupo. Hubo alegrías, tristezas, enojos, risas y lagrimas claro que sí, también lloramos pero como grupo qué fue lo mas importante...

Ésta fue mi experiencia en la misión. Campeche 2009 con la comunidad de Pixoyal una comunidad como ya lo mencioné antes muy pero muy hermosa, a la que espero regresar.

¡Yohaltum!

Semana Santa en Campeche

La verdad creo que fue una gran semana, llena de muy grandes experiencias llenas de admiración, y sobretodo de alegría, pues era mi finalidad: ir a compartir un poco de alegría. Me encantó hacer equipo con las maestras del Pereyra (Elena, Kika, Rebeca y el más grande de todos los maestros Tony). Las recuerdo mucho, pero recuerdo más esos consejos que recibí de cada una, que creo me servirán de mucho. Jejeje! cómo olvidar a Samuel, Pablo, de veras que hicimos un verdadero trío de cuates, al padre Paco, preocupado por que todo saliera bien y sobre todo que estuviéramos a gusto.
   

Sí, se llegó la hora de poner dinámicas y a jugar con los niños, la verdad que maravilloso. Fueron momentos geniales en los cuales no quería que terminará todo esto, pues el estar con cada niño aprendía mucho, y me agotaba demasiado pues ellos me robaban todas las energías que guardaba. Nunca se cansaban, querían seguir jugando pero, ni modo, el tiempo se les terminó. Los chavos más grandes eran súper divertidos igual, ¡claro! ¡eran demasiados! Bueno, exagero, pero sí eran muchos, y esto me ponía muy alegre, me gustaba estar con ellos pues que gran empeño por estar ahí, escuchando a los misioneros.

Momentos muy felices pasé con cada uno. Diferentes costumbres y formas de ver la vida. Me gustó en realidad. Sí, pues creo que debo aprender de ellos, el trabajar para ayudar a la familia. Pero lo más bonito, que aparte de todo eso, se integran a un grupo juvenil al cual se acercan para conocer un poco más a Dios.

Todas las familias siempre atentas por las necesidades de los misioneros. En realidad me daba pena pues se suponía que uno iba a servirles, pero se les agradecen todas las atenciones, y sobre todo esas exquisitas comidas que deleitábamos día tras día, ¡cómo las extraño jejeje!

Doy gracias a  mi formador por permitirme realizar esta gran experiencia  la cual me ayudo a reafirmar mi vocación. Pero, sobre todo, doy gracias a Dios por darme salud y fuerzas. Cómo no dar gracias a Yohaltum y a su gente tan amable que nos permitió poder convivir con ellos. También a las catequistas, sobre todo a Zaira, la coordinadora, que nos ayudó mucho.

Espero volver para seguir ayudando, conviviendo y aprendiendo.

Rogelio Eduardo Vázquez Liahut

Prenovicio Escolapio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Retiro Vocacional

Cada retiro es una vivencia nueva. En esta ocasión fui invitado al retiro vocacional en marzo de este año a la casa del Juniorato Pedro Casani. El tema central fue la FE. Te has preguntado ¿qué es la fe? Esta respuesta está en tu interior, sólo tienes que saber interpretar de la mejor manera, para que puedas hablarle  a Dios.

Muchas veces escuchamos decir que la fe mueve montañas, prueba de ello, fue haber estado en este retiro vocacional, ya que poco antes de mi partida al D.F tuve un accidente en mi motocicleta, pero estar espantado, lastimado y raspado no fue impedimento para haber estado presente. Sólo el hecho de saber que me esperan con alegría y poder aprender cosas nuevas y que Dios mismo me daba una oportunidad, me llenó de satisfacción y ánimo para asistir.

¿Qué decir? pues no es fácil escribir mi vivencia, mejor, para todos los chavos que en realidad quieran conocer a Dios por medio de los escolapios les hago la invitación a que se acerquen, y si se les presenta una oportunidad así como a mí se me han presentado, no las desapro-vechen, eso sólo pasa una vez en la vida, y vale la pena. Aprendes a conocerte a ti mismo, a valorar lo que tienes,  a que no pierdas tu fe. Esto es algo muy importante que tienes que aprender, yo lo voy aprendiendo en cada vez que estoy más en contacto con Dios. Hay veces que tenemos la curiosidad; tú sabes a lo que me refiero, el ser seminarista: es una ardua tarea, es algo bonito, agradable, confortable, fascinante, el aprender muchas cosas, conocer lugares, gente, brindarle tu cariño a quien lo necesita y lo más importante que encuentras un gran familia, eso para mí me llena mucho de felicidad y es saber vivir con Dios para Dios.

Lo genial del retiro: viajar, conocer nuevas personas, aprender, jugar, reír, cantar, comprender y valorar lo que tienes y lo que no tienes. Desconocía el trabajo de los escolapios con niños pequeños con grandes carencias y dificultades ¡Pude jugar con ellos! Lo más importante: convives con una gran  familia que te recibe con los brazos abiertos, dándote una buena hospitalidad, lo mejor, sólo por el hecho de que tienes el valor de acercarte a conocer a Dios. Para mí todo esto me lleno de gran alegría y lo volvería a vivir.

¿Sabes? Me pidieron que hablara sobre mi vivencia en el retiro, podré decir un montón de cosas, pero para mi es grato saber que esto es sólo mío, y tengo que sacar el mejor provecho. No es por ser egoísta, pero  te puedo asegurar que mis otros compañeros de los distintos lugares que estuvieron presentes (Tlaxcala, D.F y Celaya)  en el retiro opinarían lo mismo. Quiero dar las gracias por todo su tiempo a mis viejos amigos (los juniores) deseándoles lo mejor, que Dios les siga dando la luz en su vida… Se me olvidaba, éste fue uno de los temas que también se tocó en el retiro: ten en cuenta que Dios está presente, de que no existen las tinieblas y no estás solo, la prueba de ello es ver en todo lo inmenso que tienes. Bueno, mejor no digo más y si tienes la oportunidad de darte ese tiempo, de estar en un retiro, ¡hazlo! Estoy seguro que no te arrepentirás.

cHAvOS  nO sE  dUeRmAn cOnOsCaN  a  JESÚS.